Dempsey, J. (2016). Enterprising nature: economics, markets and finance in global biodiversity politics. Londres: Wiley Blackwell. 

Hacer que la conservación “funcione” implica hacerla económicamente viable… o al menos esa es la esperanza de la conservación comunitaria hoy, frustrada por décadas de fracasos previos en sus esfuerzos de proteger la biodiversidad. Ese también es el objetivo de Enterprising nature (que traducido al español significaría, “naturalezas emprendedoras”). Este libro de Jessica Dempsey sigue el proceso de aparición y desarrollo de técnicas para la contabilidad ambiental en la conservación de la naturaleza. Es decir, los esfuerzos globales para exponer el valor económico latente de la naturaleza no humana con el fin de proveer una información “objetiva” y “políticamente neutral” que pudiera guiar el diseño de políticas ambientales “inteligentes”. Crucial en el libro es cómo se ha desarrollado un extenso trabajo interdisciplinario para dar vida y estabilizar este paradigma, para últimamente, considerarlo “fuera de alcance”.

El libro se enfoca en las paradojas que amenanzan esta visión particular de la conservación, proveyendo un análisis empírico rico y multi-situado de esfuerzos para financializar la naturaleza. Las paradojas se ven desarrolladas alrededor de cuatro tensiones persistentes. Siguiendo levemente el adagio de que el camino al infierno está pavimentado de buenas intenciones, Dempsey sugiere que a pesar de los buenos deseos detrás de la contabilidad ambiental – i.e.: politizar y hacer visible la diversidad biológica ante una audiencia poderosa que la considera irrelevante para el desarrollo – en la práctica, se trata de un proyecto de contabilidad que perversamente ha implicado la despolitización, la exclusión y la abstracción y eventual destrucción de ese mundo no humano que pretendía “salvar”. Efectivamente, el libro concluye – a partir de las tensiones y paradojas irresueltas – que hacer a la naturaleza ’emprendedora’ puede ser conceptualmente dominante, pero sustantivamente marginal, dada la precariedad y falta de solidez del proyecto en la práctica.

Al respecto, Dempsey trata de visualizar  alternativas a las abstracciones despolitizadas y reductivistas que frecuentemente marcan el esfuerzo por hacer la naturaleza calculable. En el capítulo final, la autora retoma el manifiesto sobre los “futuros abundantes” (desarrollado previamente con Collard et al., 2014), clamando por una reconceptualización de la conservación exitosa en tanto promoción de la abundancia, en lugar de basada en perfeccionar la distribución racional de recursos escasos. Se plantea que, para reconfigurar los contornos actuales de al conservación de la biodiversidad, es imperativa la formación de alianzas entre lo que pueden ser conceptualizados como actores divergentes en la gobernanza de la biodiversidad – economistas y antropólogos y geógrafos radicales, ONGs globales y movimientos para la justicia ambiental.

Creo que hay una contribución significativa a la literatura ya madura sobre naturalezas neoliberales (ver: Brockington et al., 2008; Büscher et al., 2012; Sullivan, 2013 y Büscher y Fletcher, 2015), aunque también hay más de lo mismo… Llevamos más de una década de investigaciones desarrolladas desde la perspectiva de la tecnocracia participante sobre cómo analistas, activistas, académicos y financistas dieron cabida y movilizaron la idea de que el mundo no natural era fácilmente calculable. Dempsey reitera hallazgos previos de esta literatura repasando sobre la perspectiva ‘desde dentro’ de las conferencias ecológicas sobre las finanzas de la conservación. Con eso dicho, su investigación también trata de ir más allá de las críticas usuales a la conservación de mercado, sugiriendo que intentos para hacer que la naturaleza no humana calce dentro de ejercicios de contabilidad financiera puede ser relevante para nuevas formas de gobernanza más justa. Hay un avance leve aquí, considerando que al día de hoy lo que pesa más es el abordaje de la conservación neoliberal está basado en lo que Harvey (2005) identifica como ‘acumulación por desposesión’. Dempsey reconoce – creo que correctamente – que hay intereses más amplios que las élites neoliberales en este paradigma, el cual es frecuentemente movilizado por actores e intereses que buscan contrarrestar las consecuencias del crecimiento económico interminable (pp. 10-11). Aunque no totalmente único, el trabajo apoya y expande el trabajo académico que cuestiona críticamente la supuesta coherencia política y estabilidad en esfuerzos por financializar la conservación. Esto complica la noción de que el giro hacia la contabilidad ecológica es guiado por una racionalidad ideológica singular que demuestra un alineamiento coherente con un proyecto político unificado.

Con eso dicho, su llamado a los ‘futuros abundantes’ me parece demasiado optimista y contradictorio respecto al contenido del libro. Para empezar, la discusión sobre ésto sale de la nada en el capítulo 4. Más serio aún es que hay una tensión irresuelta entre su propuesta de estos “futuros abundantes” y su defensa ambivalente de la contabilidad ecológica, la cual ella misma ha concluido, es una abstracción reduccionista. En efecto, el llamado de Dempsey por enfocarse en políticas de conservación centradas en “las formas diversas en que humanos y no humanos viven” y “en una meta final basada en la abundancia y no el racionamiento y la optimización” (p. 239) pareciera estar totalmente desalineado con la esencia de lo que ya ha expuesto sobre esa contabilidad ecológica. Sin embargo, a pesar de esta tensión. Dempsey sigue considerando que las valoraciones de servicios ecosistémicos pueden ser pensados como estrategias para propósitos radicales por actores y alianzas divergentes. Me imagino que se refiere a algo similar a lo que Shapiro-Garza (2013) plantea como la reorganización creativa de la contabilidad ecológica y los servicios ecosistémicos (la exposición de este punto no es muy clara en el libro). Pero incluso así, creo que Fletcher y Büscher (2017) han hecho un argumento más claro y realista de cómo esas reorganizaciones creativas, en vista de los imperativos neoliberales que las fundan, siempre terminan poniendo el funcionamiento exitoso del mercado de servicios ambientales delante de cualquier otra agenda, especialmente la de justicia ambiental. De modo que aplaudo el esfuerzo de Dempsey de ir más allá de la crítica, pero quedan algunas preguntas pendientes.

La propuesta política de Dempsey es atractiva, pero quizás muy optimista. Su libro descarta explicaciones elegantes y nítidamente organizadas por alternativas, algo en teoría, deseable, pero que me doy cuenta tiene sus bemoles. Su llamado para hacer que los “circuitos globales del poder y el conocimiento alrededor de la biodiversidad más extraños” (p. 241) implica un esfuerzo por abrazar un grado de incertidumbre y apertura para explorar y experimentar con lo que puede resultar inusual e imperfecto. Esta es una buena contribución. Pero sospecho que Enterprising nature dejará a sus lectores sintiéndose algo incómodos con los retos del libro así como de los entendimientos convencionales sobre el proyecto de la conservación neoliberal y sus alternativas.

Bibliografía

Brockington, D.; R. Duffy y J. Igoe (2008). Nature unbound: conservation, capitalism and the future of protected areas. Londres: Earthscan.

Büscher, B. y R. Fletcher (2015). Accumulation by conservation. New Political Economy. 20 (2): 273-298.

Büscher, B.; S. Sullivan: K. Neves; J. Igoe y D. Brockington (2012). Towards a synthesized critique of neoliberal diversity conservation. Capitalism, Nature, Socialism. 23 (2): 4-30.

Collard, R.C.; J. Sundberg y J. Dempsey (2014). Abundant futures manifesto. Annals of the Association of American Geographers. 105 (2): 322-330.

Fletcher, R. y B. Büscher (2017). The PES conceit: revisiting the relationship between payments for environmental services and neoliberal conservation. Ecological Economics. 132: 224-231.

Harvey, D. (2005). El nuevo imperialismo. Madrid: Akal.

Shapiro-Garza, E. (2013). Contesting market-based conservation: payments for ecosystem services as a surface of engagement for rural social movements in Mexico. Geoforum. 46: 5-15.