BLADE RUNNER no ocupaba de una secuela, incluso si, en sus diferentes versiones, terminó teniendo al menos tres finales diferentes, cada uno más ambiguo que el otro. La razón es que si uno lo piensa con detenimiento, este es uno de esos “filmes milagrosos” en los que el resultado final fue un clásico inspirador, pensativo y transformador, a pesar de que todo este éxito pareciera haber llegado “por accidente”. Consideren: desde el principio de la producción, miembros clave del equipo se encontraban en conflicto abierto entre sí; como resultado, el guión de la película recibió considerables modificaciones, incluso en medio de la filmación; y concluida esta etapa, actores, director y estudio estuvieron en pugna sobre cómo editar el filme. Por eso es que hay tantas versiones diferentes, por eso es que la película fue un desastre de taquilla en 1982, por eso es que el diálogo más memorable del filme no vino de parte de los escritores, sino que de la improvisación en escena de Rutger Hauer; y por eso es que el misterio que genera más polémica entre los fanáticos no surgió de un esfuerzo planeado, sino que de una ocurrencia de último minuto de su director.

Por favor, no me mal entiendan, yo adoro BLADE RUNNER (de hecho está en mi top 10). Nada más digo esto porque tengo la sensación de que esa fue una buena película que terminó convirtiéndose en un filme “trascendental”, debido a la inesperada confluencia de factores no planificados que nunca hubiesen sido importantes, de no haber sido porque su diseño fotográfico y de producción terminaría revolucionando la forma en que imaginamos el futuro cercano de la raza humana. Entonces, conociendo esta historia de coincidencias ¿cómo es que una nueva película podría hacer que el rayo golpee dos veces en el mismo lugar y menos aún embotellar esa experiencia en la forma de una secuela?

La respuesta es que es imposible lograr esto. Pero, con eso dicho, la verdad es que BLADE RUNNER 2049 hace su trabajo mejor de lo que esperaba. No sé si es válido hablar de este filme como una “obra maestra”, pero sí me parece una pieza satisfactoria de ciencia ficción, con excelente ideas en su núcleo, una banda sonora envidiable, la dirección sólida de Denis Villeneuve y excelentes actuaciones en general.

Si ustedes nunca han visto BLADE RUNNER, bueno pues, ¿qué esperan? ¡Vayan a verla! Pero, por puro formalismo, la premisa de esa cinta es que estamos en el futuro cercano, y todo el trabajo duro es realizado por seres humanos artificiales manufacturados en laboratorio llamados “replicantes”. Para facilitar su adaptación en la sociedad, se le asigna recuerdos falsos a todos los replicantes, para que crean que son humanos y, así, facilitar el control que se tiene sobre ellos. Se supone que esta fuerza de trabajo esclava debería ser utilizada únicamente en las colonias espaciales, ya que hay ocasiones en que algunos se dan cuenta de su origen y naturaleza artificial y tienden a enojarse (y volverse razonablemente violentos) como resultado (y es mejor que esto no pase en La Tierra). No obstante, incluso con estas medidas de seguridad, a veces, alguno termina apareciéndose en La Tierra. Para estos casos, se cuenta con policías especiales, llamados Blade Runners, los cuales se encargan de “retirar” (entiéndase, cazar y matar) a estos replicantes rebeldes.

En el primer filme, nuestra historia se centra en Harrison Ford, quien interpreta a un Blade Runner llamado Deckard que empieza a cuestionar la moralidad de su trabajo tras enamorarse de una mujer replicante, al tiempo que busca detener a otros que planean asesinar al dueño de la empresa que los ha manufacturado. De paso, el filme incluía una gran cantidad de insinuaciones relativas a la potencial naturaleza replicante de Deckard. Y he ahí dónde yace el problema de hacer una secuela: que las partes de BLADE RUNNER que no tratan sobre “robots asesinos” están repletas de ambigüedades, dilemas morales y preguntas éticas abiertas; es decir, cosas que una secuela va a intentar responder, lo cual no es siempre una buena idea.

En cualquier caso, la secuela toma lugar treinta años después de estos eventos. Los replicantes están nuevamente de moda como mano de obra esclava, debido a que otra corporación ha sido capaz de crear una versión “más obediente”. Sin embargo, algunos de los modelos viejos todavía están en circulación, por lo que aún hay Blade Runners persiguiéndolos. Ryan Gosling hace de uno de estos policías, el detalle siendo que esta vez el filme no se anda con rodeos y nos dice abiertamente que él es un replicante diseñado para perseguir, cazar y matar a su propia raza. Claro está, al igual que el filme anterior, nuestro protagonista se ve envuelto en un misterio relacionado con una replicante que ha hecho algo que supuestamente su especie no debería ser capaz de hacer. Y, para sorpresa de nadie, todo pareciera estar ligado con lo sucedido a los personajes del filme previo.

Lo interesante es que, si bien todos esperábamos que Villeneuve reiterara y expandiera sobre la representación visual de la anti-utopía tecnológica de BLADE RUNNER, resulta sorpresivo que la secuela también trate de imitar la estructura textual y subtextual de su predecesora. Así las cosas, tenemos nuevamente una historia bastante estándar de detectives que persigue una trama confiable, pero predecible; y que forma un esqueleto básico que amarra los escenarios visualmente imaginativos con las viñetas narrativas en que los personajes exploran la naturaleza de su existencia, y lo que significa (o no) ser humano.

Lo nuevo es que en la cinta original, los grandes misterios y secretos yacían mayoritariamente en el trasfondo, o debajo de la superficie de las escenas del relato central. Esto al punto de que mucha de la audiencia no se daba cuenta de lo que habían visto hasta reencontrarse con otros momentos o líneas de diálogo mucho después en la trama. En cambio, aquí, estas viñetas meditativas sobre cómo la tecnología ha alterado la vida cotidiana tienden a plantarse en el centro del escenario casi al punto de anunciar: “¡Atención! ¡La trama se detendrá temporalmente para dar una versión abreviada de un episodio de BLACK MIRROR!”

La mejor de estas viñetas, debo decir, consiste en una serie de escenas enfocadas en el romance “inusual” entre el personaje de Gosling y un holograma que funge como su asistente personal, interpretada por Ana de Armas. En muchas formas, ella es el personaje más “humano” del filme, lo cual quizás sea una pizca de humor subversivo relativo al filme anterior. Reconozco que no es una idea totalmente nueva, pues suena como si alguien hubiese visto HER e intentará hacer algo un poco más extraño. Sin embargo, esta viñeta (y casi todas las demás para ser honesto) funciona bastante bien. No hay razón de por qué no iría a funcionar… digo, si se va a hacer un filme compuesto por un manojo desconectado de relatos para dar un sentido de “ambiente”, entonces no hace mal que se desarrollen buenos personajes y narrativas, ¿correcto?.

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Crédito de fotografía: Sony y Columbia Pictures

Sin embargo, el problema es la historia principal; es decir, la que debería ofrecer algún sentido de coherencia y ritmo a este “collage”. No digo que sea una mala historia, tampoco que sea aburrida o mal contada. La cosa es que mientras BLADE RUNNER tenía un relato central simple y efectivo, basado en “encontrar y atrapar a los malos”; 2049 apuesta a grandes revelaciones y grandes giros narrativos. El problema es que muchos de estos son extremadamente predecibles, al punto de que el desenlace no justifica el desarrollo previo. Definitivamente, terminé de ver esta película sintiendo que su conclusión calzaba más en el rango de “aceptable” y no tanto en el de “edificante”.

Aún así, la recomiendo. Como dije, es un filme hermoso de ver, la banda sonora es buena, las actuaciones extraordinarias (con puntos altos en de Armas y Sylvia Hoeks, quien esencialmente es Rachel de la primera película, nada más que también una Terminator). A pesar de ser muy larga y su final poco impresionante, la atmósfera del filme es placentera y llamativa. Vale la pena…

7/10 – BUENA

DIRECTOR: Denis Villeneuve. GUION: Hampton Fancher y Michael Green. FOTOGRAFÍA: Roger Deakins. ELENCO: Ryan Gosling, Harrison Ford, Ana de Armas, Sylvia Hoeks, Robin Wright y Jared Leto. DURACIÓN: 163 minutos.