En décadas recientes, la conservación ambiental ha sido sujeta a un escrutinio mayor por parte de la academia a escala global (West et al., 2006). Hoy tenemos una discusión más acalorada sobre la manera en que la protección de la naturaleza se impulsa en el Sur Global, y especialmente en aquellas fronteras forestales de alta conflictividad. El enclaustramiento y apropiación ‘verde’ que hace la conservación ambiental mediante la acumulación primitiva y su interacción con imperativos neoliberales relacionados con el uso de pagos por servicios ambientales y el ecoturismo han sido particularmente relevantes en Centroamérica (Büscher y Arsel, 2012; McAfee y Shapiro, 2010). Proteger el ‘Bosque Maya’ ha sido uno de estos esfuerzos internacionales que resultan entrecruzados por procesos de cambio en la economía política global. Un área boscosa de más de 35 millones de hectáreas que se extiende desde el norte de Guatemala hasta Belice y la Península de Yucatán en México, el Bosque Maya sido parcialmente territorializado por estos estados a través de un conjunto de áreas protegidas, incluyendo la Reserva de la Biosfera Maya (RBM) en Petén. En la RBM, argumenta Megan Ybarra, los indígenas maya guatemaltecos que históricamente han poblado estos bosques se han convertidos en inmigrantes dentro de su propio territorio como resultado de estos esfuerzos de conservación.

Green Wars nos lleva a una de las más conflictivas fronteras forestales de Centroamérica, para estudiar el complejo vínculo entre la conservación de la naturaleza, la formación de estados autoritarios, el ‘colonialismo pionero’ (settler colonialism) y la desposesión de poblaciones indígenas. El libro explica cómo el despojo actual de indígenas guatemaltecos tiene su origen en procesos económico-políticos materializados en masivas transacciones de tierras, a su vez sedimentadas por la acumulación de capital basada en el acaparamiento del acceso a los recursos naturales. Partiendo de los aportes de la ecología política feminista y estudios poscoloniales, Ybarra explica el paralelismo que existe entre proyectos de conservación – en apariencia benevolentes – y las lógicas coloniales fundadas en la eliminación del “Otro” que justificaron la masacre y el desplazamiento violento de centenares de miles de indígenas y campesinos en Guatemala, desde la Colonia y durante la Guerra Civil. Se hace un análisis crítico de los discursos conservacionistas que representan la RBM como un sitio salvaje y prístino y a los indígenas Q’eqchi como invasores de este “paraíso” natural, con el fin de explicar cómo esas agencias internacionales terminan perpetuando formas de exclusión social del acceso a los recursos, fundamentados en estereotipos raciales. En el proceso, las organizaciones conservacionistas fallan rotundamente a la hora de alcanzar un balance justo entre la conservación y la subsistencia de estas poblaciones, pues se asumen exentas de abordar la lucha histórica de estos pueblos indígenas por garantizar su tenencia de la tierra.

Ybarra desarrolla su investigación desde una posición privilegiada – como investigadora estadounidense – que le permite cercanía con quienes defienden y movilizan la conservación en Guatemala, pero sin dejar de demostrar solidaridad con las luchas indígenas por la justicia social. Esta es una etnografía que hace uso de múltiples fuentes de información, incluyendo el análisis de archivos históricos e historias de vida. La metodología faculta la observación del despliegue de las diferentes formas de violencia física y simbólica empleada por autoridades estatales, élites terratenientes y militares guatemaltecos, quienes por décadas trataron de remover la presencia maya del territorio guatemalteco. Al mismo tiempo, con base en mapas históricos y registros de tierras detalladamente analizados, Ybarra demuestra cómo, contrario a lo planteado por las agencias conservacionistas, las tierras que hoy son centrales para la conservación en la RBM, fueron en realidad tierras indígenas destinadas a otros fines sociales, económicos y religiosos. Desde este punto de vista, los esfuerzos recientes para consolidar la RBM pueden comprenderse como formas de expropiación que violan los derechos indígenas sobre el acceso a los recursos, ya sea a partir de la violencia estructural propia de Estados negligentes que no otorgan servicios básicos o bien otras formas de violencia privada (sancionada por el Estado) que atenta contra la vida de estas comunidades.

La interpretación de Green Wars respecto a la resistencia indígena es interesante, al no reducirla exclusivamente a la lucha por el acceso a los recursos o la propiedad de la tierra, sino que señalando su relación con la identidad cultural y los significados que surgen del choque de conocimientos, ideologías y ontologías. Ybarra describe convincentemente la forma en que, a la luz de la memoria colectiva de la acumulación por desposesión y la persecución ideológica, los Q’eqchi construyen la conservación en Petén como una nueva forma de violencia. No obstante, es encomiable la forma en que evita presentar a estas poblaciones como víctimas pasivas, demostrando su capacidad para desarrollar una vida que va más allá de la sociedad conquistadora y que redirige su imaginación hacia otras preguntas sobre sus alternativas de vida y conocimiento.

Con eso dicho, el libro no está exento de limitaciones. Se ocupa abordar mejor el vínculo entre los esfuerzos conservacionistas y las formas de subsistencia local. El argumento pudo beneficiarse de comprender las luchas no sólo asociadas a sus ideas sobre el territorio, su identidad indígena y las relaciones espirituales con el paisaje, sino que en la forma en que estas ideas se reflejan en la escogencia de actividades productivas para dar sustento económico. También me parece necesario caracterizar mejor cómo las autoridades de conservación perciben las transformaciones socioambientales que suceden en y alrededor de la Reserva y cómo ellos explican las causas y consecuencias de esas transformaciones. Por último, aunque el análisis de Ybarra promueve el pluralismo epistemológico, su representación se concentra en el estudio del indígena como “Otro”, por lo que el trabajo adquiere una posición maniquea a la hora de abordar puntos de vista de personas indígenas vinculadas a los esfuerzos de conservación ambiental.

El libro consta de cinco capítulos (sin contar introducción y conclusiones). Los dos primeros y el cuarto integran extraordinarios análisis etnográficos que explican el paralelismo entre conservación, colonialismo y violencia estatal. Primero, se utilizan las historias de violencia estatal para conocer cómo es que el Bosque Maya fue politizado, criminalizando los derechos territoriales Q’eqchi. En el capítulo dos, se examina cómo la conservación se presenta como despolitizada en sus representaciones de estos pobladores como migrantes descontrolados que degradan los recursos de la Reserva. El cuarto capítulo rompe con esta imagen engañosa de la conservación, demostrando cómo se entremezcla con formas de ‘colonialismo pionero’ en Guatemala. En contraste, los otros capítulos tienen algunas debilidades. En el tercero hay preguntas muy interesantes sobre las ideologías raciales de las poblaciones de ladinos, pero no se explica con claridad cuáles son los vínculos de esto con el proyecto conservacionista. Además, si bien es cierto que los capítulos uno y dos hacen un trabajo extraordinario en demostrar cómo los esfuerzos actuales por promover ‘conservación de fortaleza’ derivan en interpretaciones que la asocian con la violencia estatal experimentada en la Guerra Civil; el capítulo cinco no llega a este nivel de detalle. El capítulo conclusivo enfatiza las demandas de indígenas mayas de descolonizar la conservación, mediante un mayor reconocimiento de las relaciones entre estas poblaciones y sus tierras.

Con todo esto dicho, Green Wars es una excelente contribución a la literatura sobre conservación global, luchas por el acceso a los recursos y el reconocimiento de los derechos territoriales indígenas. El libro ofrece un interesante análisis de cómo es que las poblaciones indígenas enfrentan políticas de conservación en el marco de sistemas legales adversos, al tiempo que se trata de ir más allá de estas preconcepciones. Ybarra explica cómo abordar las demandas indígenas por justicia ambiental requiere repensar las relaciones entre sociedad y naturaleza y las formas en que éstas se coproducen, alcanzando la inevitable conclusión de que tierra, bosque, agua, aire y suelo son paisajes vividos que no pueden ser mercantilizados. Recomiendo este libro a investigadores, docentes y estudiantes de geografía, antropología, ciencias políticas y otras ciencias sociales interesados en las relaciones sociedad-naturaleza, así como a expertos de la conservación, activistas ambientales y defensores de los derechos indígenas y la justicia social.

Bibliografía

Büscher, B., y Arsel, M. (2012). Nature TM Inc.: changes and continuities in neoliberal conservation and market-based environmental policy. Development and Change, 43, 53-78.

McAfee, K., y Shapiro, E. (2010). Payments for ecosystem services in Mexico: nature, neoliberalism, social movement and the state. Annals of the Association of American Geographers, 100(3), 579-599.

West, P., Igoe, J., y Brockington, D. (2006). Parks and peoples: the social impact of protected areas. Annual Review of Anthropology, 35(1), 251-277.