¡Qué montón de alharaca han venido haciéndole a esta película! En serio, no me extrañaría que, para este momento, cualquier persona que haya tenido el más leve contacto con noticias (o críticas) sobre BLACK PANTHER crea que el filme es una manifestación temprana de Jesucristo en la Tierra. Y sí, yo entiendo la relevancia cultural de existan superhéroes que representen otros grupos étnicos aparte de la población caucásica estadounidense. Pero, todos tenemos claro que eso es irrelevante para Disney y Marvel, ¿verdad? Sabemos muy bien que BLACK PANTHER es un producto corporativo hecho predominantemente para vender juguetes, ¿correcto? Y que, desde la perspectiva de esos estudios, la existencia de un superhéroe negro, o latino, o LGBTIQ, o lo que sea, está determinada por un estudio de mercado y no la idea de un futuro menos desigual o más representativo de nuestras diferencias, ¿cierto?

No quisiera arruinarle la fiesta a nadie, pero hagamos el esfuerzo de mantener el lenguaje superlativo al mínimo y concentrémonos en lo que nos reúne hoy, siendo el caso: ¿es BLACK PANTHER una buena película? La respuesta corta es sí, pero ello no implica que sea el triunfo romano que algunos han insinuado que es. Sin duda, hay buenos componentes, como un elenco genial, excelentes actuaciones, un director bastante imaginativo y una premisa interesante, desarrollada en un mundo repleto de personajes llamativos. Sin embargo, siguiendo la bien conocida directriz de Marvel de que el buen drama y la ponderación perspicaz no debería estorbar la acción, el filme tiende a desaprovechar su llamativa premisa. En resumen, BLACK PANTHER está muy lejos de ser THE DARK KNIGHT, pero ocupa cómodamente la cúspide del universo fílmico de Marvel.

El filme está escenificado poco tiempo después de la introducción del personaje titular en GUERRA CIVIL, y toma lugar casi completamente en Wakanda. Para quienes no han sido iniciados en estos filmes, Wakanda es una nación secreta localizada en África Central, y cuya ciencia y tecnología se encuentra considerablemente más desarrollada que la de los demás países del mundo. Lo anterior ha resultado, en parte, de que el país completo se ubica sobre una gigantesca veta de “vibranium”, un muy valioso mineral ficticio (con una que otra propiedad “mágica”). La trama arranca con el ascenso del rey T’Challa al trono y su consolidación como la “Pantera Negra”, título ceremonial reservado a los monarcas de este país. No obstante, esta transición está mediada por la acumulación de presiones, tanto internas como externas, para que Wakanda revele sus secretos al resto del mundo. Cuando una confrontación con un viejo enemigo descubre una nueva y sorprendente amenaza, el rey y sus aliados enfrentarán nuevos retos. Ellos deberán atender no sólo los errores de sus ancestros, sino que descifrar cuál debería ser el lugar de Wakanda (y sus secretos tecnológicos y militares) en el mundo, sin que esto signifique nuevos riesgos para su población o la de los otros países.

Lo que aprecio más del filme es que su pretensión narrativa es mucho más grande que el  relato específico del personaje titular. La Pantera Negra es central en la historia de BLACK PANTHER, pero lo cierto es que este es un filme sobre Wakanda, tanto en términos narrativos, como temáticos. La idea central del filme es clara: ¿cuáles serían las implicaciones para el mundo moderno de la existencia de una civilización africana negra super-avanzada que haya permanecido incólume ante la colonización blanca europea? ¿Cómo es que esta revelación impactaría en un concierto de naciones, abiertamente eurocentrista y que generalmente ha definido (o “inventado”) a África como un espacio para la colonización y no como un eje de poder político? ¿Cuáles serían las percepciones de los habitantes de este país respecto al mundo que lo rodea, y cómo reaccionarían ante la posibilidad de revelar su existencia ante éste? De modo que, incluso si el filme termina desenvolviéndose mediante la historia del escabroso ascenso al trono del rey wakandiano, el punto central del relato tiene que ver con el gran debate de cómo su llegada al poder responde al juego político de la familia real, la dinámica extendida de sus aliados y rivales en el consejo de líderes tribales que componen la sociedad wakandiana, las ambiciones geopolíticas de su gobierno y el debate más amplio sobre cómo es que Wakanda debe tomar parte del desigual mundo capitalista del que todos y todas somos parte.

No se puede negar que hay una gran riqueza imaginativa intrínseca al mundo narrativo que el director Ryan Coogler nos ha presentado en BLACK PANTHER. El filme ofrece una trama mucho más complicada de lo que uno generalmente espera de una película de Marvel. En efecto, si bien estaba claro que Disney sólo buscaba hacer la película de la contraparte “negra” de Iron Man y el Capitán América, Coogler y compañía fueron más allá del mandato corporativo para ofrecer un proyecto mucho más ambicioso. Arriesgándome a hiperbolizar el filme, BLACK PANTHER tiene grandes paralelismos con la GUERRA DE LAS GALAXIAS, en el sentido de que su objetivo es establecer un mundo que se sienta auténtico, convincente, multidimensional y repleto de personajes interesantes, todos los cuales se nos presentan con facetas casi shakesperianas en la forma en que sus motivaciones personales resultan contextualizadas alrededor de los eventos geopolíticos del filme, haciéndolos ver más grandes que la vida misma.

Lo anterior se refleja bien en cuán justificables son las motivaciones de T’Challa y Killmonger, el héroe y el antagonista, respectivamente. El primero es un líder cuyo conflicto interno refleja la tensión política que yace en el núcleo de las fracturas internas de su país; mientras que el segundo ofrece una salida radical y potencialmente problemática al debate geopolítico de Wakanda, pero que también resulta ser absolutamente entendible y hasta convincente. Lo que me recuerda: BLACK PANTHER es la primera película de Marvel que cuenta con un buen villano. Desde la Calavera Roja a Hela, han sido 17 películas de buenos actores haciendo de pésimos villanos… “manda huevo” que no la pegaran eventualmente, ¿no?

Habiendo dicho todo eso, mi gran problema con BLACK PANTHER es que por más esfuerzo realizado, siempre hizo falta una mayor profundización de su premisa central. Si bien Wakanda se nos presenta como un lugar nuevo y único, hay aspectos que pudieron explicarse con mayor profundidad para entender mejor la cultura de esta nación, su gente e instituciones. Por ejemplo, la idea de que un país super-avanzado resuelva el tema de la transición política de sus autoridades con una batalla “a la muerte” me resulta ridículo.  Visualmente, la conceptualización de Wakanda también me pareció que requería de más cohesión. Hay una gran variedad de distintivos visuales que orientan a la audiencia para entender quiénes son los wakandianos y cómo es su sociedad, pero mucho de esto pareciera devenir en un collage de dinámicas culturales y políticas de un sinnúmero de naciones y culturas africanas, y que hacen que la identidad de Wakanda se presente mejor definida por su similitud con el mundo exterior, que por facetas que den un sentido cohesivo de “sociedad”.

Aparte de esto, BLACK PANTHER peca por seguir el estándar que se ha definido para películas de acción durante la última década. De este modo, el filme no dedica mucho tiempo para detenerse y permitir que la audiencia se introduzca más orgánicamente dentro del universo narrativo o que entienda de forma más detallada el drama personal y político en el que están envueltos los personajes, todo lo cual termina yendo en detrimento del relato principal. Para mí, el filme debería haber eliminado una media hora de sus nada memorables escenas de acción y reponerla con un poquito más de atención al drama, la cultura y política del país, cosa que quizás hubiese logrado que  algunos de los eventos centrales acarrearan un mayor impacto emocional.

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Crédito de fotografía: Walt Disney Movie Studios

En conclusión, BLACK PANTHER es un buen filme, aunque no excepcional. Las escenas de acción no son muy imaginativas, el relato divaga mucho durante la primera media hora y luego se privilegia la acción a costas del mejor activo del filme: el drama político. A pesar de ello, hay más para recomendar que criticar en BLACK PANTHER. El filme es genuinamente interesante, viene cargado de excelentes actuaciones y un muy imaginativo mundo narrativo. Además, el hecho de que el filme busca ser una pieza pensativa de ciencia ficción afro-futurista centrada en imaginarse cómo se vería una sociedad africana negra que haya escapado al pasado colonial y esclavista al que fue sometido el resto del continente, constituye una contribución extraordinaria por sí sola.

8/10 – GENIAL

DIRECTOR: Ryan Cooler. GUION: Ryan Coogler y Joe Robert Cole. FOTOGRAFÍA: Rachel Morrison. ELENCO: Chadwick Boseman, Michael B. Jordan, Lupita Nyong’o, Danai Guria, Daniel Kaluuya, Angela Bassett, Forest Whitaker y Andy Serkis. DURACIÓN: 134 minutos.