WIND RIVER es el debut directoral de Taylor Sheridan, el escritor de SICARIO y HELL OR HIGH WATER; y habiendo empezado su carrera con VILE – un filme similar a JIGSAW que fue directo a DVD – y conociendo su filmografía posterior, está claro que Sheridan es un tipo al que le gusta llevar su material a lugares muy oscuros. WIND RIVER quizás no sea tan implacablemente deprimente como SICARIO, pero llega cerca de ese punto.

¿La trama? Escenificado casi completamente en los bosque congelados en y alrededor de la empobrecida Reserva Indígena de Wind River (Wyoming), este filme sigue las experiencias de Jeremy Renner como un amargamente divorciado agente de la Oficina de Pesca y Vida Silvestre de EUA, responsable de controlar la intrusión de depredadores grandes en la Reserva. Él mantiene una relación complicada, pero respetuosa, con los indígenas arapajó que habitan la zona, incluyendo su anterior familia política.

Cuando él descubre el cuerpo congelado de una mujer joven de la Reserva, quien fue aparentemente violada, asesinada y dejada a morir bastante lejos de su casa (y cuyos padres son amigos del personaje de Renner), él ofrece sus habilidades de rastreo y cacería para ayudar en la búsqueda del asesino. Su decisión de colaborar resulta, en parte, del hecho de que al FBI le importa tan poco los crímenes contra los indígenas que deciden enviar a una sola agente sin experiencia (Elizabeth Olsen) a trabajar el caso. Pero también se origina en que él también perdió a su hija en circunstancias similares años atrás. De manera que, apoyar en resolver este crimen constituye una forma de exorcizar sus propios demonios, así como permitirle cerrar su luto vía proxy.

Si bien el planteamiento es sensacionalista, WIND RIVER es uno de esos thrillers criminales que lidian sobre la resolución de un crimen, pero sin necesariamente incluir un “misterio elaborado” para hacerlo, lo cual puede resultar contrario a las expectativas de muchos. Así, en lugar de la frenética búsqueda de evidencia, la película busca explicar cómo es que la vida en la Reserva resulta sofocada en razón de la limitada disponibilidad de recursos y de la apatía de quienes vienen de fuera y no son parte de su vida cotidiana. Puesto de otra forma, simplemente no hay suficiente gente en el lugar que permita que un asesino no resulte ser descubierto eventualmente. Razón por la cual, en lugar de andar persiguiendo pistas o jugar juegos con alguna mente criminal, los “obstáculos” de la investigación es el “estado de abandono” del lugar. La tensión resulta de la ausencia de un equipo que se responsabilice de la investigación y las enormes distancias entre los héroes y su muy pequeña lista de sospechosos, testigos y lugares que visitar. De este modo, lo que tenemos es un thriller basado en la profunda introspección sobre el contexto social, cuidadoso desarrollo de personajes y la desesperación por la inevitabilidad de que situaciones como éstas sigan tomando lugar en esta Reserva. Por lo tanto, no se trata de un filme muy edificante que digamos.

Entonces, ¿por qué debería atraerles una película depresiva en la que, desde la primera escena, se nos enseña que la vida es dolor, que el mundo eventualmente nos desgastará a todos, y en el que nuestra única esperanza es endurecer nuestro corazón lo más posible como para poder sobrevivir y quizás exigir alguna venganza de camino? Bueno pues, la respuesta es que es un filme deprimente que también está muy bien hecho. Para un cineasta cuyo otro crédito directoral consistía en gente vapuleando a otra gente hasta morir en una habitación mal iluminada, Sheridan (con el apoyo de Ben Richardson en fotografía) ofrece un filme visualmente impactante y capaz de encontrar belleza real en los difíciles e implacables paisajes invernales y la pobreza extrema de la Reserva. Mi impresión es que al menos un cuarto del filme involucra camiones, gente y motonieves yendo lenta y difícilmente de algún lugar desafortunado a otro, y todas estas escenas son hermosas. Además, incluso estando muy lejos de ser un filme de acción, Sheridan demuestra su habilidad en la dirección de escenas de combate con armas y mano a mano. Específicamente, una golpiza desagradablemente intensa y un par de tiroteos ultra-violentos, constituyen unas de las mejores escenas de este tipo que he visto en este año.

Con eso dicho, donde WIND RIVER alcanza sus notas más altas es en los personajes. Reconozco que el filme no escapa a la crítica de ser un thriller criminal escenificado en una reserva indígena, pero donde los héroes son gente blanca. No obstante, habiendo reconocido esa crítica, también debo decir que me gustó la dinámica desarrollada entre el personaje de Olsen, como una agente sincera, pero inexperimentada, que busca apoyo de Renner como un intermediario que no tiene nada en común con ella, pero que es igualmente aceptado con objeciones por quienes considera su familia. Esta dinámica alimenta los otros componentes de la trama y, para lo que valga, ambos actores resultan consistentemente desbancados en el manejo de escena por Graham Green, como un jefe de policía indígena, quien es el único adulto en la trama.

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Crédito de fotografía: Acacia Entertainment

De manera que WIND RIVER es una buena producción, aunque no perfecta. Aparte de la crítica anterior, el diálogo es algo torpe en algunas partes, sobre todo aquellas en las que Renner tiene que filosofar sobre la resiliencia y la fuerza de voluntad de sus amigos arapajó. También, un momento crítico del relato termina siendo un tanto enredado, dado un brinco narrativo y un cambio de perspectiva, que se siente un tanto fuera de lugar en lo que de otra forma sería un filme bastante directo y llano. Sin embargo, lo que funciona, funciona; y yo encuentro este filme bastante bien hecho en general.

8/10 – GENIAL

DIRECTOR: Taylor Sheridan. GUION: Taylor Sheridan. FOTOGRAFIA: Ben Richardson. ELENCO: Jeremy Renner, Elizabeth Olsen y Graham Greene. DURACIÓN: 111 minutos.