Una de las formas más efectivas de construir una historia de terror es identificar situaciones familiares que la audiencia pueda interpretar como naturalmente inquietantes, capaces de producir algún grado de paranoia, o incluso miedo. Perderse en el bosque, caminar por un lugar que no conocemos en la oscuridad, sentir que alguien nos persigue, escuchar sonidos extraños cuando pensamos que estamos solos, etc… Si uno parte de esos temores colectivos, es muy fácil guiar a la audiencia a imaginarse un escenario en el que esas sensaciones no son trucos de nuestra imaginación, sino que reacciones totalmente justificadas: “estás realmente en peligro”, “hay alguien realmente detrás tuyo”, “ellos realmente conspiran en contra tuya”… En mi opinión, una de las preguntas más atemorizantes que una persona puede hacerse es: ¿qué tal si no estoy siendo paranoico? ¿Qué tal si lo que temo está pasando, realmente está pasando?

Allí es donde yace la brillantez de GET OUT: reconocer que una de las cosas que más inquieta, incomoda y atemoriza a la gente (quizás al punto de hacerla susceptible de paranoia) es el racismo. Lo que tenemos aquí es un filme de horror que ha sido construido alrededor de la idea de que las tensiones raciales son una manifestación superficial de una tensión más profunda y siniestra. Pero, más que eso, su director, Jordan Peele, toma esta premisa básica y decide hacer algo aún más pensativo con ella.

La trama: un tipo ordinario llamado Chris va a pasar el fin de semana con su novia, Rose, en casa de sus acomodados padres, a quienes conocerá por primera vez. Él se encuentra algo nervioso porque ella no les ha dicho que Chris es negro. Si bien ella le asegura que eso no importa, él sabe perfectamente bien que, en el contexto actual de Estados Unidos, ese dato importará, y bastante. Una vez allí, las situaciones incómodas comienzan a apilarse (un poquito de conducta pasivo-agresiva por aquí, algo de comportamientos raros por allá, dinámicas incidentales que no tienen mucho sentido…), y todo comienza a reforzar la idea en Chris de que él tenía razón de preocuparse. Una vez que la trama empieza a insertar reuniones secretas, hipnosis y personajes extraños, Chris se dará cuenta de que quizás se encuentra en una situación genuinamente peligrosa.

Una cosa que cuesta ver en este género fílmico (así como en buena parte de lo que produce Hollywood, para se franco) es una película que presente perspectivas genuinamente originada en valores, cultura, ideas y perspectivas de la comunidad afro-americana. GET OUT es uno de esos raros ejemplos en los que se abre un chance de expresar alguno de sus puntos de vista. Peele tiene libertad aquí para explorar sus opiniones sobre el tema, y él la aprovecha para hacer todo su descargo de prueba al respecto de las conductas raras de algunas personas blancas puestas en contacto con gente de otros trasfondos étnicos. No obstante, el filme no se sienta en los laureles de ser chuchería nueva, sino que realmente trata de construir un thriller serio que permite enmarcar el tema del racismo desde un ángulo un poquito más sutil e inquietante.

Verán: a Hollywood le encanta hacer películas sobre racismo. De hecho, esa industria goza de vanagloriarse por hacer filmes sobre las formas bastante obvias de racismo que se practicaban en el pasado, o bien, sobre aquellos tipos evidentes de racismo que existen actualmente (por ejemplo: lo que hacen los tipos ignorantes del KKK). Con eso dicho, lo que nunca abordan son esas formas más pasivas, sutiles, generalizadas y enraizadas de racismo… ustedes saben: esas que sobran en esos círculos de gente blanca “buena”, “bien intencionada” y pudiente (o lo que es decir, mucha de la gente que financia estas películas en primera instancia). Estoy hablando del racismo que practican esas personas que se enorgullecen de no ser como la “otra gente blanca”, o que ve el racismo como algo del pasado, algo respecto a lo cual ya se ha “progresado”. Bueno pues, justo aquí es donde GET OUT decide hacer su punto.

Y tiene sentido, después de todo: si Chris entrara en la casa de los papás de Rose y ellos tuvieran una bandera confederada (o una svástica) en la pared – quizás uno que otro gorro picudo o una gorra roja que diga “Hagamos a EUA grandioso otra vez” – no habría mucho suspenso o tensión en la historia, ¿correcto? De inmediato, él se daría cuenta de que la cosa va mal y decidiría largarse.

Por eso, el filme nos presenta lo opuesto, con los antagonistas siendo un grupo de personas blancas que se nos presentan como entusiásticamente “progresivas”, y todo lo opuesto de las conductas racistas expresadas en celuloide. Los padres de Rose no paran de hablar sobre cómo hubiesen votado por Obama una vez más de haber podido, o sobre cómo respetan la cultura negra, cómo sus actores, músicos y atletas favoritos son negros, o cómo opinan que la gente negra es la más “cool” o la más atractiva… Es decir, todo ese montón de mierdas que están claramente intencionadas para sonar “bien” y “muy progresivas” pero que sin considerarlo terminan reduciendo a quiénes las reciben al color de su piel. Se trata de experiencias que me imagino que una gran parte del público meta de GET OUT probablemente encontrará depresivamente familiares. Por este motivo es que constituye una buena base desde dónde construir los elementos más convencionales de la película de terror que gradualmente emerge a medida que las barreras invisibles del “hay algo raro en todo esto” comienzan a cerrarse alrededor de Chris.

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Crédito de fotografía: Universal Pictures

En efecto, simultáneo al esfuerzo de ofrecernos este interesante material “extra”, GET OUT no deja de funcionar como un thriller visceralmente efectivo en un nivel puramente técnico. Se trata del mejor uso de este tipo de premisas desde la versión original de STEPFORD WIVES. Pero, mientras ese filme se pierde un poco a la hora de hacer la gran revelación de lo que pasa tras bambalinas, GET OUT más bien termina despegando, convirtiéndose así en un buen ejemplo de terror-supervivencia. Habiendo visto el filme un par de veces, logro detectar una docena de momentos en que esta experiencia pudo haber salido mal, pero está claro que Peele ha llegado con una muy buena idea debajo del brazo. Así, nos ha ofrecido un excelente filme, un clásico instantáneo del cine de horror, y, ni que decir, uno de los mejores del 2017.

10/10 – EXCEPCIONAL

DIRECTOR: Jordan Peele. GUIÓN: Jordan Peele. FOTOGRAFÍA: Toby Oliver. ELENCO: Daniel Kaluuya, Allison Williams, Bradley Whitford, Caleb Landry Jones y Catherine Keener. DURACIÓN: 104 minutos.