Uno de los aspectos más crueles de una tragedia es que el mundo no se detiene para esperar a nadie. Sin importar cuál sea el grado de devastación personal, la única verdad es que, querámoslo o no, la vida continúa en un millón de formas, sean estas inoportunas, molestas o inapropiadamente graciosas.

Hollywood no aborda esta característica particular de la tragedia con mucha frecuencia, pero resulta ser el núcleo de MANCHESTER BY THE SEA, película dirigida y escrita por Kenneth Lonergan. Aquí, comedia y dolor parecieran combinarse en medio de las circunstancias más impredecibles y mundanas. Utilizando un guión bastante preciso y un estilo de filmación bastante controlado, esta película transmite una inestabilidad emocional profundamente humana, tal y como la que hace a una persona llorar a la mitad del día o reír a carcajadas durante un funeral.

El filme narra una pequeña historia que dice multitudes de cosas sobre la condición humana. MANCHESTER BY THE SEA es sobre el amor y la pérdida. Es sobre las cosas que perdonamos y la cosas por las que no podemos perdonarnos. En sencillo, es una película sobre el lento y doloroso proceso mediante el cual dejamos una tragedia atrás y sobre cómo algunos nos rehusamos a sanar. Asimismo, es una película sobre esa vez que se nos olvidó dónde dejamos parqueado el carro, o de las sencillas dificultades logísticas de tener sexo cuando se es un adolescente. Como dije, es una película repleta de multitudes.

La trama se centra en Lee Chandler (Casey Affleck), un malhumorado conserje que vive en Boston. Su monótona existencia se resume en palear nieve, aguantarle mierda a los inquilinos de los edificios en los que trabaja y pasar metido en un bar esperando que alguien le de una excusa para agarrarlo a golpes. Él es una persona a la deriva, cuya realidad se deshace un poquito más tras la noticia de que su hermano, Joe (Kyle Chandler), ha fallecido de un problema cardíaco. Esto obliga a Lee a regresar al pueblo titular donde es recibido con duras miradas y susurros a sus espaldas. Uno puede notar cuánto odia haber regresado a casa, pero hay arreglos que deben hacerse.

Quizás sea un comentario pírrico, pero MANCHESTER BY THE SEA hace una caracterización genial de dichos arreglos. La película presenta con lujo de detalles esas obligaciones prácticas y rituales propios del luto. Desde los trámites en el hospital, hasta los problemas de preparar el entierro, hasta la falsa tristeza y la ausencia de empatía de la gente encargada de la funeraria… todo está ahí.

La trama también involucra a Patrick (Lucas Hedges), el hijo de Joe. En vista de que la mamá de Patrick es una adicta a las drogas que ha salido totalmente de su vida, Lee termina sorprendido al conocer que el último deseo de Joe era que él se convirtiera en el tutor de Patrick. Decir que este hombre taciturno, alcohólico y desecho no está listo para ser padre es más que obvio. El filme explica detalladamente los orígenes de esta actitud con escenas en las que observamos a un Lee cálido y contento junto a su esposa Randi (Michelle Williams). Resolver el misterio detrás de este cambio tan radical es lo que sostiene la primera parte del filme, a medida que uno se pregunta que pudo haberle sucedido a este gregario individuo… y luego uno descubre que es algo muchísimo peor de lo que se esperaba.

Sin embargo, por más lúgubre que eso suene, no puedo dejar de comentar cuán gracioso es este filme. MANCHESTER BY THE SEA probablemente sea una de las mejores comedias del año pasado, si no fuera porque uno pasa a punto de echarse a llorar durante gran parte de la proyección. A diferencia de su deprimente tío, Patrick tiene todo arreglado. Él está en el equipo de hockey de la escuela, toca para una banda absurdamente mala, y se pasa su tiempo administrando las complicaciones propias de tener dos novias simultáneamente. Lo menos que ocupa ahora es tener a un familiar como Lee que venga a arruinarlo todo bajo la obligación de mudarse a Boston.

Lonergan apuntala muy bien la marcada constipación emocional que define a esa estirpe particular de hombres educados en ambientes machistas, en especial la forma en que se expresan complicadas combinaciones de sentimientos a punta de andar molestándose mutuamente. La química entre Affleck y Hedges es muy convincente, y el diálogo, repleto de lenguaje fuerte que se vuelve cada vez más afectivo, es lo que sostiene este filme.

Affleck es impecable en el rol. Nunca se rinde a la tentación de apostarle al histrionismo exagerado a pesar de que su personaje literalmente vive en una cuerda floja emocional. Lee es un individuo que construye barreras para separarse del mundo, y que el mundo pasa tratando de tirar abajo. La representación de Affleck enseña las grietas en esas barreras desde donde se pueden ver los vestigios de su alma. Me agrada que el filme nunca cede al mito hollywoodense de que uno puede sanar de una tragedia personal con un simple chasquido de dedos, después del cual todos viven contentos para siempre. Al final de cuentas, debemos aceptar que hay personas que simplemente quedan tan desechas, que les es imposible volver a poner las cosas en su lugar.

Si quisiera apuntar a una falencia, diría que es la banda sonora. El uso de la “música clásica” se siente fuera de lugar aquí. Además, la música resulta ser tan predominante en el filme que ocasionalmente termina distrayendo de escenas cruciales.

mv5bmtyxmjk0ndg4ml5bml5banbnxkftztgwodcynja5ote-_v1_ux182_cr00182268_al_Pero bueno, quizás ese haya sido el objetivo. Al final de cuentas, MANCHESTER BY THE SEA es un filme que discute cómo la vida sigue a pesar de la tragedia. Que la música pase por encima del dolor de la familia Chandler podría bien ser evidencia de ello. Ya sea en la forma de un celular vibrando a la mitad del rito funerario, o una camilla que no quiere entrar en la maldita ambulancia, lo cierto es que la vida no se detiene… En fin, éste es un muy buen filme.

9/10 – EXCELENTE

DIRECTOR: Kenneth Lonergan. GUION: Kenneth Lonergan. FOTOGRAFÍA: Jody Lee Lipes. EDICIÓN: Jennifer Lame. ELENCO: Casey Affleck, Michelle Williams, Kyle Chandler y Lucas Hedges. DISTRIBUCIÓN: Roadside Attractions y Amazon Studios. DURACIÓN: 137 minutos.